viernes, 3 de febrero de 2017

13 frases | Frankenstein de Mary Shelley

1. Por temperamento, siempre he sido enemigo de las multitudes y amigo, en cambio, de relacionarme con pocas personas, pero íntimamente.

2. Al recordar mis primeros años recuerdo también acontecimientos que provocaron, con pasos insensibles, mis desgracias posteriores, porque cuando ahondo en mi corazón en procura del nacimiento de aquella pasión, que más tarde dominó en mi destino, la veo surgir como un río de montaña, de fuentes innobles y casi olvidadas, que creciendo en su camino, me convirtió en el torrente que en su curso barrió todas mis esperanzas y alegrías.

3. Nuestras almas están formadas de manera muy extraña y nuestras vidas penden sólo de leves lazos, cuya rotura puede arrojarlas a la prosperidad o la ruina.

4. El destino era demasiado poderosos y sus leyes inmutables habían dispuesto mi total destrucción.

5. Hay en mi alma algo que no alcanzo a comprender. Soy trabajador hasta el sacrificio, un artesano que trabaja con perseverancia, pero  noto que en mis proyectos se entremezcla siempre una inclinación hacia lo maravilloso, una fe en lo sobrenatural.

6. Si el estudio a que usted se dedica tiende a debilitar sus afectos y destruir su inclinación hacia los placeres sencillos en los que no puede mezclarse contaminación alguna, entonces ese estudio es inmoral e inconveniente para la mente humana.

7. Tengo la impresión de estar caminando al borde de un precipicio hacia el que se acercan miles de personas deseosas de arrastrarme al abismo.

8. Ni la ternura ni la amista, ni la belleza de la tierra o del cielo, podrían liberar a mi alma del mal. Los mismos acentos del amor eran inútiles. Me rodeaba una nube a la que ninguna influencia benéfica podía atravesar, y me comparaba con el ciervo herido que arrastra su cuerpo desfalleciente hasta un escondido matorral, para morir allí contemplando la flecha que terminará con él.

9. Yo, como Satanás, llevaba un infierno en mi interior y, al comprender mi aislamiento, quería destrozar los arboles, esparcir la destrucción a mi alrededor, para sentarme luego a contemplar con fruición aquellas ruinas.

10. En todo signo de alegría adivinaba una burla, un insulto hacia mis sentimientos, una nueva demostración de que yo no estaba destinado a la felicidad ni a los gozos de la vida. 

11. Trabajaré por tu destrucción y no descansaré hasta que tu alma esté desesperada y hasta que maldigas la hora de tu nacimiento. 

12. Quiero disipar esas sombras, que parecen haberse alojado tan firmemente en tu espíritu.

13. Me abrumaba la melancolía y muchas veces llegué a pensar que más me convendría haber muerto que permanecer en un mundo tan lleno para mi de miseria e infelicidad.

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