martes, 7 de febrero de 2017

13 fragmentos de "Por el culo: políticas anales" | Javier Sáez y Sejo Carrascosa


1. El culo parece muy democrático, todo el mundo tiene uno. Pero veremos que no todo el mundo puede hacer lo que quiera con su culo. 

2. Para empezar, planteamos un simple ejercicio a quien lea este libro: abre tu culo y se abrirá tu mente.

3. El culo es el gran lugar de la injuria, del insulto. [...] la penetración anal como sujeto pasivo está en el centro del lenguaje, del discurso social, como lo abyecto, lo horrible, lo malo, lo peor.

4. Cuando hablamos de un régimen de poder o un régimen cultural, heterocentrado por ejemplo, o machista, no se trata de un poder vertical y jerárquico que planifica el odio a las mujeres, o el odio a los gays o el odio al hecho de ser penetrado. Es un régimen de discursos y prácticas que, simplemente, funciona, se ejerce, se repite continuamente en expresiones cotidianas, desde múltiples lugares y momentos, y que crea realidad (y que hiere) a partir de esa mera repetición. Se aprende el valor antes que el objeto o el acto en sí. Es más, es ese valor negativo el que crea el objeto, y no al revés.

5. El sexo anal aparece inicialmente en el imaginario colectivo como lo peor, lo abyecto, lo que no debe pasar. Ese es su significado original, su sentido. En ese estado inicial de enunciación, no aparece el acto de la penetración, no hay culo ni polla, ni ano, ni dildo, lo que se produce ahí es la prohibición, la amenaza, la negatividad, una advertencia fantasmal, peligrosa, sin referente. Como diría Judith Butler, cuando habla del insulto homófobo (¡maricón!, ¡bollera!), ese enunciado, esa frase, ¡que te den por el culo!, crea realidad, produce realidad.

6. El acto del sexo anal es desigual, se valora de forma completamente distinta a quien adopta el papel activo (la persona que penetra) y a quien toma el papel llamado pasivo (la persona penetrada). Todas estas expresiones que hemos referido insultan a la persona que recibe la penetración, se trata de un odio al lugar pasivo, y sobre todo al varón penetrado. No se insulta diciendo vete a dar por el culo, has dado pol culo, follaculos, que des por el culo, enculador, dador pol culo. La masculinidad de los hombres se construye de una manera extraña: por un lado, evitando a toda costa la penetración, pero por otro lado con un curioso permiso para penetrar lo que sea, incluyendo los culos de otros varones. Con una llamativa doble moral, ese «acto tan asqueroso que hacen los maricones», darse por el culo, en muchas culturas no amenaza la masculinidad, al revés, está permitido si se hace desde el papel activo: muchos hombres heteros penetran analmente a sus mujeres (de pronto ese acto ya no es tan asqueroso, pero prefieren no hablar de ello), muchas mujeres penetran a sus maridos (de eso se habla todavía menos); muchos hombres penetran a otros hombres en playas, parques, váteres, saunas y, por el hecho de ser activos, no se consideran gays, ni maricas, ni sodomitas, ni homosexuales: maricones son los penetrados.

7. El enorme desequilibrio que existe en la percepción social de la sexualidad anal: dar y tomar (pol culo). Ser activo o pasivo se asocia históricamente a una relación de poder binaria: dominador-dominado, amo-esclavo, ganador-perdedor, fuerte-débil, poderoso-sumiso, propietario-propiedad, sujeto-objeto, penetrador-penetrado, todo ello bajo otro esquema subyacente de género: masculino-femenino, hombre-mujer. El macho se construye asumiendo esos valores, el primer término del par. «La mujer» en el sentido de Wittig, de una categoría creada por el régimen heterosexual, se construye asociada al segundo término de ese par binario. Este modelo explica bastante bien por qué se percibe también de forma diferente que un hombre sea penetrado analmente a que lo sea una mujer. «La mujer» es construida socialmente como un ser penetrable, por esa lectura del régimen heterocentrado donde la mujer debe procrear, satisfacer al hombre, ser pasiva, humilde, dócil, buena madre: reducir su sexualidad a su coño. El coño, para ese régimen, se supone que es un lugar que espera ser penetrado. El macho «la posee».

8. El hombre penetrado es equiparado a ese estatuto inferior de «la mujer». Como el único cuerpo penetrable en ese imaginario colectivo es el de la mujer, el que un hombre sea penetrado es la mayor agresión posible a su virilidad, queda rebajado a algo femenino, ha perdido su hombría, su estatus superior. El paso siguiente del desprecio tiene que ver con el placer: si el hombre penetrado no disfruta con ello (ha sido violado, por ejemplo), el desprecio y el escarnio social es menor, queda algo disculpado, pero aun así habrá entrado en un territorio de la vergüenza irreversible, será siempre algo traumático y terrible. Pero si el hombre penetrado disfruta con ello, es alguien que lo busca, lo desea, lo valora… entonces el castigo y el oprobio social es total. Desde la Grecia clásica hasta la actualidad, en numerosas culturas y épocas, el diatithemenos, el hombre que disfruta en una posición pasiva (ya veremos lo discutible de esa palabra, pasivo) ha sido despreciado y castigado. Para todas esas culturas es incomprensible ese desafío a lo que se supone que debe ser un hombre. Ser un hombre es ser impenetrable. Esta impenetrabilidad

9. EL CASO DE LUIS ARAGONÉS

 Luis Aragonés se hizo famoso a nivel mundial en octubre de 2004 cuando fue grabado indiscretamente en un entrenamiento proponiendo al jugador José Antonio Reyes —como astuta y sutil táctica de juego— que llamara negro de mierda al jugador de raza negra Thierry Henry durante el partido. A pesar del escándalo que produjeron estas declaraciones en diversos países, el señor Aragonés mantuvo su puesto como seleccionador y hoy en día sigue disfrutando del respeto social. Así es nuestra España y olé. Pero es menos conocido su comentario en Alemania en 2006, cuando el comité de bienvenida se quedó a cuadros tras ofrecerle unas flores y ver que su invitado las rechazaba declarando que «Me van a dar a mí un ramo de flores, que no me cabe por el culo ni el bigote de una gamba». Esta frase condensa toda la ideología que subyace en el desprecio al sexo anal y sus mitos: Aragonés pasa de un inocente ramo de flores a una extraña declaración pública de impenetrabilidad y gambas por medio de una enorme elipsis que hay que desentrañar. Los pobres alemanes pensaron que se trataba de algún problema estomacal o alimentario de Aragonés: «¿qué ha dicho, que es vegetariano, que pensaba comerse las flores y luego no podrá cagarlas?». «¿Qué ha dicho de unas gambas con bigote?». «¿Que le gustaría meterse las flores por el culo, pero que no puede porque lo tiene muy cerrado y no le caben ni cosas más finas?». «¿Que tiene alergia a las flores y le dan sarpullidos en el trasero?». «¿Qué ha dicho de la flora intestinal?». Solo con un rico bagaje cultural homófobo como el de España podemos llegar a interpretar correctamente la cadena de asociaciones que pasaron por la mente de nuestro ex seleccionador: neurona 1: ¡anda, qué majos, me regalan flores!; neurona 2: ¡alarma, alarma, las flores son para las mujeres o los maricones!; neurona 3: los maricones se dan por el culo; neurona 4: los hombres de verdad no se dan por el culo; neurona 5: yo soy muy hombre, yo no soy maricón, qué se han creído estos alemanes; neurona 6: si soy un hombre, entonces mi culo es impenetrable (¿o es al revés, cómo era esto?); neurona 7: no puedo aceptar estas flores, no, no, mi culo, son maricas, me van a follar, seré una nenaza… ¡tengo que aclarar esto! neurona 8: necesito explicarles que mi culo es impenetrable, ah, ya sé, les diré que no cabe nada en absoluto, ni algo tan delgado como el bigote de una gamba; neurona 9: uf, qué alivio, ya les he dejado claro por qué no puedo aceptar las flores, y que no soy maricón.

10. La prueba definitiva de la hombría, la virilidad, lo masculino y lo heterosexual es que tu culo no sea penetrado jamás; lo contrario supone un deslizamiento de género (hombre a mujer) y de identidad en tu orientación sexual (hetero a homo) (contradicción: pero si el ano no tiene género ni un dildo tampoco, ¿por qué está todo este asunto tan investido de sexo y género?).

11. El periódico EL MUNDO (18 de agosto de 2009) publicaba esta noticia con un titular especialmente llamativo: «Pegamento contra los anos de los homosexuales en Irak». «Un prominente activista iraquí de los derechos humanos dice que la milicia iraquí ha utilizado una forma de tortura contra homosexuales sellando sus anos, pegándolos con “goma iraní”… Yina Mohammad, activista de los derechos humanos, contó a Alarabiya.net que las “milicias iraquíes han empleado un modo de tortura sin precedentes contra homosexuales, usando un pegamento muy fuerte para cerrar sus anos”. De acuerdo con sus declaraciones, la nueva sustancia, fabricada en Irán, es un pegamento que, si se aplica a la piel, la pega y solo puede despegarse con cirugía. Después de pegar los anos de los homosexuales, les dan una bebida que les produce diarrea. Puesto que el ano está sellado, la diarrea les causa la muerte. Se distribuyen vídeos de esta forma de tortura a algunos teléfonos móviles iraquíes».

12. En el principio era el ano. Ano significa anillo, del latín, anus, y este del proto-indoeuropeo (ano: anillo). Tiene gracia que el anillo se use como símbolo de la pareja casada. En realidad ano significa anillo, así que, sin saberlo, las parejas consagran su amor con el gesto de meter un dedo en el culo, un anillo en el dedo anular (o anal). O el gesto de meter un ano en el dedo. Ya sabemos que el matrimonio, e incluso el amor, son rituales de posesión. Así que este primer gesto nos recuerda el vínculo entre el culo y el poder.

13. Cuando hablamos de lo político, y del régimen heterocentrado, parece que hablamos de algo que está ya ahí, constituido desde siempre de forma estable, un «otro» que es responsable de todos nuestros males. Creemos que sería conveniente invertir esta lógica, y mostrar que se trata de un régimen muy complejo que se construye día a día, un régimen en cuya elaboración participamos tod@s en mayor o menor medida. Queremos recordar desde aquí que todas esas risitas hacia el pasivo, incluso dentro del ambiente gay, todos esos chistes de maricones a los que dan por el culo, todas esas expresiones negativas hacia el sexo anal, ese acoso a los niños mariquitas con la amenaza de la penetración, todo eso forma parte de este régimen de terror que llamamos régimen heterocentrado, un régimen que impone su ley y su violencia desde el machismo y la misoginia, desde el presupuesto de que tod@s somos heterosexuales, de que solo hay dos sexos, de que nadie debe salirse de sus roles de género, del odio y la persecución a las bolleras, los trans y los maricas, un régimen que respira y crece día a día desde los púlpitos de las iglesias y las mezquitas, desde las escuelas, los juzgados, desde las familias, desde radios, televisiones y periódicos.


No hay comentarios: