martes, 10 de noviembre de 2015

Las últimas 5 frases de 13.99 Euros | Frederic Beigbeder



1. Nos drogamos porque el alcohol y la música ya no bastan para proporcionarnos el valor necesario para hablar entre nosotros. Vivimos en un mundo en el que la única aventura consiste en follar sin condón. ¿Por qué todos perseguimos la belleza? Porque este mundo es feo hasta la náusea. Queremos ser hermosos porque queremos ser mejores. La cirugía estética es la última ideología que nos queda. Todo el mundo tiene la misma boca. El mundo se muestra horrorizado ante la perspectiva de la clonación humana cuando, en realidad, la clonación ya existe y se llama «plastic surgery». En todos los bares, Cher canta «¿Crees en la vida después del amor?». De ahora en adelante, tendremos que preguntarnos sobre la vida después del hombre. Una existencia de sublimes criaturas poshumanas, liberadas de la injusticia de la fealdad, cuya capital mundial sería Miami. Todos tendremos las mismas frentes arqueadas e inocentes, pieles suaves como el satén, ojos almendrados, todo el mundo tendrá derecho a unas manos de largos dedos y uñas lacadas de gris, y habrá un reparto general de labios carnosos, pómulos altos, orejas aterciopeladas, narices respingonas, cabellos suaves, cuellos gráciles y perfumados, y, sobre todo, afilados codos. ¡Codos para todos! Adelante hacia la democratización del codo. Como admitía con humildad Paulina Porizkova en una entrevista: «Estoy contenta de que la gente me encuentre guapa, pero se trata únicamente de una cuestión matemática: el número de milímetros entre mis ojos y mi barbilla.»


2. Sois el producto de una época. No. Echarle la culpa a la época es demasiado fácil. Sois productos. Y punto. Ya que a la globalización no le interesaban las personas, teníais que convertiros en productos para que la sociedad se interesase por vosotros. El capitalismo convierte a las personas en yogures con fecha de caducidad, drogadas a base de espectáculo, es decir, amaestradas para machacar a su prójimo.
 
3. «La vida transcurre así: naces, mueres, y entre lo uno y lo otro tienes dolor de tripa. Vivir consiste en tener dolor de tripa: a los quince años, dolor de tripa porque estás enamorada; a los veinticinco años, porque te angustia el porvenir; a los treinta y cinco años, porque bebes demasiado; a los cuarenta y cinco, porque trabajas demasiado; a los cincuenta y cinco, porque ya no estás enamorada; a los sesenta y cinco, porque te angustia el pasado; a los setenta y cinco, porque tienes un cáncer generalizado. En los intervalos no habrás hecho otra cosa que obedecer a tus padres, más tarde a los profesores, luego a tus jefes, después a tu marido y finalmente a los médicos. A veces sospechabas que te tomaban el pelo, pero ahora es demasiado tarde, y un día uno de ellos te comunica que vas a morir y entonces, bajo la lluvia, te meten en una caja de madera, bajo la tierra del cementerio de Bagneux.

4. Creía que le temía a la muerte, pero en realidad era la vida la que me daba miedo.
 
5. Desaparecer de la faz de la tierra antes de 2025. Al final de los cuentos de hadas siempre aparece la misma fórmula: «Vivieron felices y tuvieron muchos hijos.» Punto final. Nunca se nos cuenta lo que ocurre después: el príncipe azul no es el padre de esos hijos, empieza a beber más de la cuenta, luego abandona a la princesa por una mujer más joven, la princesa se pasa quince años psicoanalizándose, sus hijos se drogan, el mayor se suicida, el pequeño se prostituye en los jardines del Trocadero.

No hay comentarios: