martes, 21 de abril de 2015

Los columpios | Fabio Morábito



Los columpios no son noticia, 
son simples como un hueso 
o como un horizonte, 
funcionan con un cuerpo 
y su manutención estriba 
en una mano de pintura 
cada tanto, 
cada generación los pinta 
de un color distinto 
(para realzar su infancia) 
pero los deja como son, 
no se investigan nuevas formas 
de columpios, 
no hay competencias de columpios, 
no se dan clases de columpio, 
nadie se roba los columpios, 
la radio no transmite rechinidos 
de columpios, 
cada generación los pinta 
de un color distinto 
para acordarse de ellos, 
ellos que inician a los niños 
en los paréntesis, 
en la melancolía, 
en la inutilidad de los esfuerzos 
para ser distintos, 
donde los niños queman 
sus reservas de imposible, 
sus últimas metamorfosis, 
hasta que un día, sin una gota 
de humedad, se bajan 
del columpio 
hacia sí mismos, 
hacia su nombre propio 
y verdadero, hacia 
su muerte todavía lejana.

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