miércoles, 29 de abril de 2015

Instintos suicidas | Trinidad Gan


Porque sigo atreviéndome
a buscarte los ojos
—aunque sea de lejos—
y me empeño en tener
tu roce y tu palabra
y en llevar cuenta exacta
de tus manías y goces
—una mala costumbre—
me has llamado terca.
Y dices que son meses de dar vueltas,
que ya debí poner punto final
desde hace tiempo.
No sabes que yo soy como los niños:
que,  para poner punto final a sus historias,
aprietan con la pluma el papel
y lo traspasan.
Y después
se contemplan las manos manchadas
con asombro.

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