lunes, 30 de marzo de 2015

No tengo principio ni fin. No sé a dónde voy. Tengo ideas, prefiguraciones de un sueño. Pero los sueños siempre tienden a ser crípticos, borrosos, distantes. Tengo miles de palabras en mis labios y mi mente pero no articulo. No genero. No creo. Todo se queda en prolegómenos. No hay desarrollo, sólo el paso de los días arroyándome con toda su prisa. Y yo en el sofá esperando respuestas. Esperando que mis dedos tecleen las oraciones correctas, lo que sé está ahí, en algún lado dentro de mí. ¿En qué momento uno se da cuenta de que va por buen camino? ¿Cómo despierto de este letargo? Estoy atada al colchón, a la tristeza, a la poca fe. ¿Dejaré que el tiempo me coma, qué me quite todo lo que, a duras penas, he conseguido? ¿Será que al fin me volví un troglodita?

trestrece.

1 comentario:

DAMIAN RODRIGUEZ dijo...

Y así fue mi crisis de los veintiséis.


'...mi vida era una penosa estupidez porque se quedaba en mero movimiento dialéctico, en la elección de una in conducta en vez de una conducta, de una módica indecencia en vez de una decencia gregaria." (capítulo 2, Rayuela)