viernes, 24 de enero de 2014

13 frases de "Rebelarse Vende: El negocio de la contracultura" | Heath ft. Potter

1. El marxista radical Debord escribió La sociedad del espectáculo y fue uno de los principales instigadores de mayo del 68 francés. Su tesis era sencilla: el mundo en que vivimos no es real. El capitalismo consumista fagocita todas las experiencias humanas auténticas, las transforma en un producto consumible y nos las revende a través de la publicidad y los medios de comunicación. Convierte todos los componentes de la vida humana en un «espectáculo» en sí mismo, es decir, un sistema de símbolos y representaciones gobernado por su propia lógica interna.

2. En la sociedad del espectáculo, el nuevo revolucionario debe buscar dos cosas: «la conciencia del deseo y el deseo de la conciencia». Es decir, debemos hallar formas de placer independientes de las necesidades que nos impone el sistema y debemos despertar de la pesadilla del «espectáculo».

3. En este libro mantenemos que varias décadas de rebeldía «antisistema» no han cambiado nada, porque la teoría social en que se basa la contracultura es falsa. No vivimos en la «matrix», ni tampoco vivimos en el «espectáculo». Lo cierto es que el mundo en que vivimos es mucho más prosaico. Consiste en miles de millones de seres humanos —cada uno de ellos con su propio concepto del bien— intentando cooperar con mayor o menor éxito. No hay ningún sistema único, integral, que lo abarque todo. No se puede bloquear la cultura porque «la cultura» y «el sistema» no existen como hechos aislados. Lo que hay es un popurrí de instituciones sociales, la mayoría agrupadas provisionalmente, que distribuyen las ventajas y desventajas de la cooperación social de un modo a veces justo, pero normalmente muy injusto. En un mundo así, la rebeldía contracultural no sólo es poco útil, sino claramente contraproducente. Además de malgastar energía en iniciativas que no mejoran la vida de las personas, sólo fomenta el desprecio popular hacia los falsos cambios cualitativos.

4. Según la teoría contracultural, el «sistema» se organiza sobre la base de la represión del individuo. El placer humano es inherentemente anárquico, indisciplinado, salvaje. Para tener controlados a los trabajadores, el sistema debe infundir necesidades manufacturadas y deseos prefabricados, que a su vez pueden satisfacerse dentro de la estructura de la tecnocracia. El orden existe, pero a expensas de la infelicidad, la alienación y la neurosis generalizada. Por tanto, la solución está en recuperar nuestra capacidad de sentir placer espontáneo mediante, por ejemplo, la perversidad múltiple, o el teatro alternativo, o el primitivismo moderno, o las drogas experimentales, o cualquier otra cosa que nos ponga las pilas.

5. La contracultura considera la diversión como el acto transgresor por excelencia. El hedonismo se transforma en una doctrina revolucionaria.

6. Divertirse no es transgresor, ni socava ningún sistema. De hecho, el hedonismo generalizado entorpece la labor de los movimientos sociales y hace mucho menos atractivos los sacrificios en nombre de la justicia social.

7. A primera hora de la mañana del 8 de abril de 1994, llegó un electricista para instalar un nuevo sistema de seguridad en un chalet con vistas al lago Washington, al norte de la ciudad estadounidense de Seattle. En el invernadero se encontró con el dueño de la casa, Kurt Cobain, muerto sobre un enorme charco de sangre. Cobain había tomado una sobredosis mortal de heroína, pero para no dejar cabos sueltos, se había volado la parte izquierda de la cabeza con una escopeta Remington del calibre 20. Cuando se difundió la noticia de la muerte de Cobain, no extrañó a casi nadie. Al fin y al cabo, se trataba del hombre que había sacado la canción «Me odio a mí mismo y quiero morirme». Como cantante del grupo Nirvana, probablemente el más importante de la década de 1990, todo lo relacionado con él tenía una inmediata repercusión mediática. Sus anteriores intentos de suicidio se habían hecho públicos. La nota que había junto a su cuerpo no dejaba lugar a dudas: «Es mejor quemarse que irse apagando lentamente». Sin embargo, su muerte produjo un pequeño revuelo comercial basado en la teoría de la conspiración. Porque ¿quién mató a Kurt Cobain? Por un lado, la respuesta es obvia. A Kurt Cobain lo mató Kurt Cobain. Pero el cantante de Nirvana también fue víctima de una idea falsa: la teoría de la contracultura. Aunque se consideraba un músico punk, un rockero dedicado a hacer música «alternativa», había vendido millones de discos. En gran parte fue él quien propició que la música antes denominada «rock duro» se rebautizara como «grunge», una etiqueta mucho más comercial. Pero en vez de sentirse orgulloso, esta popularidad siempre le pareció algo de lo que avergonzarse. Tenía mala conciencia por haberse «vendido alas multinacionales». Cuando el disco estrella de Nirvana, Nevermind, superó en ventas a Michael Jackson, el grupo se puso de acuerdo para intentar disminuir su número de fans. El siguiente álbum, In Utero, contenía música deliberadamente oscura e inaccesible. Pero no sirvió de nada. El disco llegó al número uno en las listas estadounidenses. Cobain fue incapaz de conciliar su dedicación a la música alternativa con el éxito popular de Nirvana. Finalmente, el suicidio debió de parecerle la única manera de salir del impasse. Prefirió abandonar (sin haberse «vendido al sistema») antes que perder lo que le quedaba de integridad. Cualquier cosa con tal de defender que «la música punk es la libertad». Por desgracia, Cobain no se planteó la posibilidad de que todo su mundo fuese mentira, es decir, que no exista la música alternativa, ni el circuito convencional, ni la relación entre música y libertad, ni el concepto de «venderse a las multinacionales». Lo único que existe son las personas que hacen música y las personas que oyen música. Y cuando la música que se hace es buena, la gente quiere escucharla. Por tanto, ¿de dónde procede el concepto de «lo alternativo»? ¿De que hay que ser poco popular para ser auténtico?

8. Voltaire no pudo por menos de escribir a Rousseau: «He recibido su último libro contra la humanidad y le doy las gracias por él. Jamás se había empleado tanta inteligencia en demostrar que somos todos idiotas.

9. Los sentimientos son altamente contagiosos.

10. La sociedad de masas, hija ilegítima de los medios de difusión y la psicología colectiva.

11. La población no se enfrenta a una clase dominante ni a un sistema opresor que les empobrezca. El problema es que están prisioneros en una jaula de oro y han acabado adorando su propia esclavitud.

12. Es probable que el concepto de contracultura no hubiera llegado a cristalizar de no ser por Freud. Por sí sola, la crítica marxista de la sociedad de masas nunca caló muy hondo en la sociedad estadounidense. Pero al combinarla con la teoría de la represión freudiana, se hizo tremendamente popular. En principio, Marx y Freud hacen una extraña pareja. Si el marxismo es fundamentalmente optimista y utópico, la visión freudiana de la sociedad es desoladora. Para el padre del psicoanálisis, la civilización representa la antítesis de la libertad. La cultura se basa en la subyugación de los instintos. Por tanto, el progreso de la civilización consiste en la paulatina represión de nuestra naturaleza instintiva, con la consiguiente incapacidad de ser felices. Aun así, en caso de tener que elegir entre civilización y libertad, Freud sabía que lo razonable sería optar por la civilización. Lo que pretendía era llamar la atención sobre lo trágica que era esta elección. Por otra parte, en la década de 1960 esta opinión tuvo muchos detractores. En caso de tener que elegir entre libertad y civilización, decían, siempre se quedarían con la primera. Freud les había revelado que para evitar la represión de nuestra naturaleza instintiva, no quedaba más remedio que rechazar toda nuestra cultura al completo. La única solución que quedaba era crear una contracultura. En muchos aspectos, el concepto de contracultura procede casi directamente de la teoría psicológica freudiana. Su análisis de la mente humana prácticamente obliga a considerar la cultura en su conjunto como un sistema represivo. Y si el problema de la sociedad —el motivo de que seamos todos tan infelices— es la sociedad en sí, entonces la única forma de emanciparse es rechazar la cultura entera, la sociedad entera. Tenemos que «pasar» del sistema en su totalidad.

13. La idea de que la marihuana libera la mente sólo puede mantenerse cuando se está precisamente bajo sus efectos. Cualquiera que esté sobrio sabe que los fumadores de marihuana son las personas más aburridas del mundo.

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