lunes, 2 de septiembre de 2013

El palacio de las blanquísimas mofetas | Reinaldo Arenas


No sé ni cómo empezar esta entrada, aun quedan residuos del texto dentro de mi sistema, y no como recuerdos, si no recientes, sin cicatrizar, todavía punzantes en el pecho. Este libro es humanamente triste, tristísimo, desolador. Puedo llegar a decir que me ha perturbado en gran manera, como casi ningún libro, si acaso, parecido a lo que me hizo sentir "La gangrena" de Salisachs. 

La historia es tan real que parece lo contrario. Las páginas están inundadas de pobreza, soledad, ansiedad, deseos y tan poco amor, que lo invaden todo. La locura se apodera de cada una de las acciones narradas. La muerte, eterna compañera de Arenas. 

La historia en sí, trata de una familia pobre del Holguín en la Cuba revolucionaría, en la Cuba en la que los rebeldes y los "casquitos" se juegan la libertad del país y los pobres no saben nada más que tener miedo. Y aprender a esperar y tratar de no morirse de hambre. El personaje principal, sumamente inspirado en la vida real del autor, es Fortunato. Él y su familia viven en constante ataque del recuerdo y la confusión. Están jodidos, tristes, muertos y muertos vivos. 

Hartos los unos de los otros, de si mismos, de sus rutinas y los ruidos. Del "guirindán, guirindán, guirindán" de la fábrica al lado de la casa, de la fruta podrida, de las palomas asechantes y de las bestias y demonios. Cada personaje cuenta su desgracia, su locura, sus sueños y todos, todos lo hacen de manera asfixiante. En cada renglón, menos aire. Por momentos pareciera que uno se volverá loco junto con la familia de Fortunato, con Fortunato mismo, con todo el mundo. Y de repente ríes y otra frase te atraviesa el pecho.

Con esta novela Reinaldo Arenas se ha ido, sin duda, hasta mi top de escritores predilectos, como dije, aun lo estoy digiriendo, no es fácil de tragar. Tiene esos aires de modernismo que me recuerdan por alguna razón a Woolf y a la vez, un realismo mágico tan latinoamericano, tan cubano, tan generalizador con estas tierras, que hacen que su estilo repetitivo y maniático sea desesperante y cansado por momentos; pero jamás malo.  Aun estoy tratando de quitarme esa pena con la que muchos nos podríamos identificar. No sé cuando volveré a leer algo de él ya que es agotador, pero sin duda lo volveré a hacer.
313|trestrece!

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