sábado, 23 de marzo de 2013

Fragmento de Sexus por Henry Miller

Canta las alabanzas del Señor, se nos ordena. ¡Sí, canta! ¡Canta, maestro de obras! ¡Canta, guerrero alegre! Pero objetas: ¿cómo puedo cantar, cuando el mundo está desintegrándose, cuando todo lo que me rodea está bañado en sangre y lágrimas? ¿Te das cuenta de que los mártires cataban, mientras los quemaban en la hoguera? No veían desintergrarse nada, no oían alaridos de dolor. Cantaban porque estaban henchidos en fe. ¿Quíen puede destruir la fe? ¿Quíen puede acabar con la alegría? Los hombres lo han intentado, en todas las épocas, pero no lo han conseguido. La alegría y la fe son inherentes al universo. En el crecimiento hay dolor y lucha; en el logro hay alegría y exuberancia; en la realización hay paz y serenidad. Entre los planos y las esferas de la existencia, terrestre y supraterrestre, hay escaleras y celosías. El que sube canta. Lo embriagan y exaltan las vistas que se le rebelan. Sube con pie seguro, sin pensar en lo que queda debajo, en caso de que se escurriera y perdiese el control, sino en lo que queda por delante. Todo queda por delante. El camino es infinito y, cuanto más lejos llegas, más se abre el camino. Las ciénagas y cenagales, los pantanos y sumideros, las trampas y celadas, están todos en la mente. Esperan al acecho, dispuestos para tragarte en el momento en que dejes de avanzar. El mundo fantasmal es el que no se ha conquistado del todo. Es el mundo del pasado, nunca del futuro. Avanzar aferrándose al pasado es como arrastrar una bola y una cadena. El preso no es quien ha cometido el crimen, sino quien se aferra a su crimen y lo vive una y mil veces. Todos somos culpables de un crimen, el gran crimen de no vivir la vida al máximo, pero todos somos libres en potencia. Podemos dejar de pensar en lo que no hemos hecho y hacer lo que esta en nuestro poder. Nadie se a atrevido a imaginar de verdad qué pueden ser esos poderes que hay dentro de nosotros. Que son infinitos lo comprenderemos el día en que reconozcamos ante nosotros mismos que la imaginación lo es todo. La imaginación es la voz de los atrevidos. Si hay algo divino en Dios, es eso. Se atrevió a imaginarlo todo.


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