sábado, 30 de marzo de 2013

Babel | Pablo Ruiz San

Construir una figura y otra encima,
un edificio vacío para habitantes anhelosos
de la poesía, voz de los dioses,
hombres cansados del vértigo subterráneo
que aprendieron a forjar símbolos
y esculpieron belleza en una sombra,
hubo luz y fuegos místicos
hicieron arder el miedo a la muerte.
Pero el tiempo vino y el olvido de dios
fragmentó los símbolos,
las palabras se volvieron
un signo negro incomprensible,
como un sexo indescifrable
estéril para la imaginación o la memoria.
 El poeta es ese símbolo olvidado
que intenta descifrarse
y es el dios y es el olvido.

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