miércoles, 14 de noviembre de 2012

Lo mejor de escribir no es la tarea en sí de colocar palabra tras palabra, ladrillo sobre ladrillo, sino preliminares, la labor preparatoria, que se hace en silencio, en cualquier circunstancia, en sueños igual que en vela: en resumen, el periodo de gestación. Ningún hombre consigna nunca lo que se proponía a decir; la creación original, que no cesa en ningún momento, tanto si escribimos como si no, pertenece al flujo primario: no tiene dimensiones, ni forma, ni componente temporal. En ese estado preliminar que es la creación y no el nacimiento, lo que desaparece no sufre destrucción; algo que ya existía, algo imperecedero, como la memoria o la materia de Dios acude a la llamada y nos arrojamos a ello como una ramita a un torrente. Las palabras, las oraciones, las ideas, por sutiles o ingeniosas que sean, los vuelos más disparatados de la poesía, los sueños por más profundos, las visiones mas alucinantes, no son sino toscos jeroglíficos cincelados con dolor y pena para conmemorar un acontecimiento intransmisible.
- Henry Miller, Sexus

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