lunes, 3 de septiembre de 2012

Para madurar, basta descubrir de repente que el amor dura tres años. Es el tipo de descubrimiento que no le deseo ni a mi peor enemigo: es una manera de hablar, ya que no tengo peor enemigo. Los esnobs no tienen enemigos, por eso hablan mal de todo el mundo: para intentar tenerlos.
Un mosquito vive un día, una rosa, tres. Así son las cosas. Primero hay un año de pasión, luego un año de ternura y, finalmente, un año de aburrimiento.
El primer año uno dice: "si me abandonas, ME MATO."
El segundo año uno dice: "Si me abandonas, lo pasare muy mal pero lo superare".
El tercer año, uno dice: "Si me abandonas, invito la champán".
Nadie te avisa que el amor dura tres años. El complot amoroso se basa en un secreto muy bien guardado. Te hacen creer que es para toda la vida cuando, químicamente, el amor desaparece al cabo de tres años. Lo leí en una revista femenina: el amor es un subidón efímero de dopamina, noradrenalina, prolactina, luliberina y occitocina. Una pequeña molecula,  la feniletilamina (PEA), provoca sensaciones de alegría, exaltación y euforia. El flechazo es la suma de neuronas del sistema límbico saturadas de PEA. La ternura, un montón de enfordinas (el opio de la pareja). La sociedad miente: te vende el gran amor cuando se esta científicamente comprobado que, al cabo de tres años, estas hormonas dejan de estar activas.

- Frédéric Beigbeder

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