lunes, 1 de agosto de 2011

Todo se repetía con la presición de un reloj. Era una cuestión de ciclos, de ráfagas, de volver siempre al punto de partida para escapar de él, y de escapar de él para volver al punto de partida. Un permanente destruir y construir, un continuo dejar y recuperar... Y protestar para rectificar, y rectificar para protestar y amar para odiar y odiar para volver a amar. La vida debía ser eso: llevar la contraria, sentirnos gallos de pelea únicamente para convertirnos en animalitos de laboratorio. Una especie de autoaniquiliamiento para evitar que nos aniquilen.

-Mercedes Salisachs, La gangrena.

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