martes, 5 de abril de 2011

No es de extrañar que toda una generación de hijos de divorciados haya crecido en un mundo de adolescencias dilatadas, en el que se han acostado unos con otros y han seguido siendo amigos, aparte de arrinconar los conflictos de las relaciones rotas para llevar a duras penas una vida mas o menos coherente. El divorcio nos ha enseñado a acostarnos con amigos, acostarnos con enemigos y comportarnos después, a la mañana siguiente, como si todo fuese perfectamente normal.

-Elizabeth Wurtzel, Nación prozac.

1 comentario:

Raven Darkmoon dijo...

esto mismo se lo mencione a sergio hace dias, como el proceso de divorcio afecta a la persona para (tratar de, creer que asi debe de ser, no lo se) mantener ese desapego, esa falta de cariño que se puede expresar con un irse del cuarto al día siguiente o no dirigirse la palabra nunca más.

Lo malo (a mi parecer) es que esto se ha convertido la media y, como me dijo Maldad ayer: no es que sea "normal", sino que se ha convertido en lo "común".

btw

i like you a mucho u.u