sábado, 20 de septiembre de 2014

"Imponer significación a la vida es el fin primordial y la condición primaria de la existecia humana."
- Clifford Geertz

viernes, 12 de septiembre de 2014

lo que he leído: Farenheit 451 | Ray Bradbury


morbo

Anónimo dijo...
:O ,con razón creía haber visto el nombre de este blog en algún lugar, y con las fotos ahora lo se,
Vi en facebook una foto de esta chica con el nombre de tu blog tatuado en el pecho,jajaja, que loco.


 
hahaha qué pedo, anónimo muestrame esa foto XD!
 
Saludos!

jueves, 21 de agosto de 2014

Fragmento | Karl Marx | Sobre el dinero

Lo que mediante el dinero es para mi, lo que puedo pagar, es decir, lo que el dinero puede comprar, eso soy yo, el poseedor del dinero mismo. Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero. Las cualidades del dinero son mis -de su poseedor- cualidades y fuerzas esenciales. Lo que soy y lo que puedo no están determinados en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella. Luego no soy feo, pues el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, es aniquilada por el dinero. Según mi individualidad soy tullido, pero el dinero me procura veinticuatro pies, luego no soy tullido; soy un hombre malo y sin honor, sin conciencia y sin ingenio, pero se honra al dinero, luego también a su poseedor. El dinero es el bien supremo, luego es bueno su poseedor; el dinero me evita, además, la molestia de ser deshonesto, luego se presume que soy honesto; soy estúpido, pero el dinero es el verdadero espíritu de todas las cosas, ¿cómo podría carecer de ingenio su poseedor? El puede, por lo demás, comprarse gentes ingeniosas, ¿y no es quien tiene poder sobre las personas inteligentes más talentoso que el talentoso? ¿Es que no poseo yo, que mediante el dinero puedo todo lo que el corazón humano ansia, todos los poderes humanos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrario?

lunes, 18 de agosto de 2014

13 y 3 de pilón | Frases de Farenheit 451 | Ray Bradbury

1. "Somos demasiados - pensó -. Somos miles de millones, es excesivo. Nadie conoce a nadie. Llegan unos desconocidos y te violan, llegan unos desconocidos y te desgarran el corazón. Llegan unos desconocidos y se te llevan la sangre.

2. No tengo ningún amigo. Esto debe de mostrar que soy anormal. Pero todos aquellos a quienes conozco andan gritando o bailando por ahí como locos o golpeándose mutuamente.

3. La vida es inmediata, el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo.

4. La vida se convierte en una gran carrera. Todo se hace aprisa.

5. Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay necesidad de pensar. [...] Más chistes en los libros. Más ilustraciones. La mente absorbe menos y menos.

6. No es extraño que los libros dejaran de venderse, decían los críticos. Pero el público, que sabía lo que quería, permitió la supervivecia de los libros de historietas. Y las revistas eróticas tridimensionales. [...] No era una imposición del gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno. [...] En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz continuamente. [...] Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta que no podemos, permitir que nuestras minorías se alteren o exciten.

7. Eso es para lo único que vivimos, ¿no? ¿Para el placer y las emociones?

8. Ella no quería saber cómo se hacía algo sino por qué. Esto puede resultar embarazoso. Se pregunta el porqué de una serie de cosas y se termina sintiéndose muy desdichado.

9. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo lowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trata de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario. 

10. Y los libros no dicen nada. Nada que pueda eseñarse o creerse. Hablan de gente que no existe, de entes imaginarios, si se trata de novelas. Y si no lo son, aún peor: un profesor llama idiota a otro, un filósofo que crítica al de más allá. Y todos arman jaleo, apagan estrellas y extinguen el sol. Uno acaba por perderse.
 
11. Tenemos todo lo necesario para ser felices, pero no lo somos.

12. Eso es lo bueno de estar moribundo. Cuando no se tiene nada que perder, pueden correrse todos los riesgos.

13. Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos.

                                                                   Y tres de pilón:

14. Los que no construyen deben destruir. Es algo tan viejo como la historia y la delincuencia juvenil.

15. ¿Qué hay en el fuego que lo hace tan atractivo? No importa la edad que tengamos, ¿qué nos atrae hacia él? [...] Es el movimiento continuo, lo que el hombre quiso inventar, pero nunca consiguió. O el movimiento casi continuo. Si se le dejara arder, lo haría durante toda nuestra vida. ¿Qué es el fuego? Un misterio. Los científicos hablan mucho de fricción y de moléculas. Pero en realidad no lo saben. Su verdadera belleza es que destruye responsabilidad y concecuencias. Si un problema se hace excesivamente pesado, al fuego con él.

16. ¿Cuántas veces puede hundirse un hombre y seguir vivo?

miércoles, 6 de agosto de 2014

12 frases | Un mundo feliz | Aldous Huxley

1. Éste es el secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que uno tiene que hacer. Todo condicionamiento tiende a esto: a lograr que la gente ame su inevitable destino social.

2. Se gobierna con el cerebro y las nalgas, nunca con los puños.

3. Las palabras pueden ser como los rayos X, si se emplean adecuadamente: pasan a través de todo. Las lees y te traspasan.

4. - ¿Es que tu no deseas ser libre Lenina?
   - No sé qué quieres decir. Yo soy libre. Libre es divertirme cuando quiera. Hoy día todo el mundo es feliz.

5. Si uno es diferente, se ve condenado a la soledad.

6. Una de las principales funciones de nuestros amigos estriba en sufrir (en formas más suaves y simbólicas) los castigos que querríamos inflingir, y no podemos, a nuestros enemigos.

7. Este castigo es más bien una recompensa. Le enviarán a una isla. Es decir, le enviarán a un lugar donde conocerá al grupo de hombres y mujeres más interesante que cabe encontrar en el mundo. Todos ellos personas que, por una razón u otra, han adquirido excesiva consciencia de su propia individualidad para poder vivir en comunidad. Todas las personas que no se conforman con la ortodoxia, que tienen ideas propias. En una palabra, personas que son alguien.

8. Me gustaría un clima pésimo. Creo que se debe escribir mejor si el clima es malo.

9. La civilización industrial sólo es posible cuando no existe autonegación. Es precisa la autosatisfacción hasta los limites impuestos por la higiene y la economía. De otro modo las ruedas dejarían de girar. (...) Una civilización no puede ser duradera sin una gran cantidad de vicios agradables.

10. ¿No tiene su hechizo el vivir peligrosamente?

11. - Es que a mí me gustan los inconvenientes.
      - A nosotros no - dijo el Interventor-. Preferimos hacer las cosas con comodidad.
   - Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado.

12. El dolor es un horror que fascina.

sábado, 2 de agosto de 2014

6 Frases | Juego de Tronos | G.R.R. Martin

1. Se dice que las bellezas de la noche se diluyen en el amanecer, y que la luz de la mañana repudia a los hijos del vino.

2. Si se atragantaba con la sangre o vomitaba por la carne, los presagios no serían tan favorables. El niño podría nacer muerto, o débil, o deforme, o hembra.

3. Las cosas que amamos siempre acaban por destruirnos.

4. El amor es veneno para el honor; es la muerte para el deber.

5.
Sólo somos humanos, y los dioses nos hicieron para el amor. Es nuestra mayor gloria, y nuestra peor tragedia.

6. La ataremos a una estaca para que la monte todo el que pase. Y cuando acaben, que la monten los perros también. Las comadrejas le sacarán las entrañas, y las aves carroñeras le devorarán los ojos. Las moscas del río le pondrán huevos en el vientre y beberán el pus de lo que quede de sus pechos.

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viernes, 1 de agosto de 2014

Lo que he leído | Juego de Tronos | G. R. R. Martin

Bueno, aquí les dejo mi primer vídeo reseña en caso de que alguien lea este blog xD
Tengo que decir que me daba bastante pena estar hablando con la camara pero aun así lo encontré muy entretenido. Creo que lo seguiré haciendo, a ver qué pasa.

          

miércoles, 30 de julio de 2014

9 Frases de "París era una fiesta" | Ernest Hemingway

1. Andaban bebidos casi siempre, o sea siempre que el dinero les alcanzaba.

2. Siempre vaciado y a la vez triste y contento, como si hubiera hecho el amor.

3. Uno puede comprarse vestidos o cuadros - dijo -. Eso es todo. Hay que ser riquísimo para permitirse ambas cosas a la vez. Dele poca importancia al vestir y no le dé ninguna a la moda, cómprese vestidos cómodos y que duren, y con lo ahorrado en vestir podrá comprar cuadros.

4. A la persona que trabaja y encuentra satisfacción en su trabajo, la pobreza no le preocupa.

5. Lo malo de la lucha contra la pobreza es que el único modo de ganarla es no gastar.

6. Nosotros comíamos bien y barato, y bebíamos bien y barato, y juntos dormíamos bien y con calor, y nos queríamos.

7.  Éramos jóvenes, y allí nada era sencillo, ni siquiera el ser pobre, ni el dinero ganado de pronto, ni la luz de la luna, ni el bien ni el mal, ni la respiración de una persona tendida a mi lado bajo la luz de la luna.

8. Todo, lo bueno y lo malo, deja un vacío cuando se interrumpe. Pero si se trata de algo malo, el vacío va llenándose por sí solo. Mientras que el vacío de algo bueno sólo puede llenarse descubriendo algo mejor.

9. Pobre Scott - dije.
    Pobre todo el mundo - dijo Hadley-. Ricos los gatos que no tienen dinero.

martes, 29 de julio de 2014

¿Él, ella o qué? | Una historia sobre la identidad



Desde que nací he tenido problemas para identificarme como algo en específico. Cuando era niña iba al baño parada porque quería ser como papá hasta que un día mi madre me descubrió y me regañó. «Las niñas no hacen pipí así» dijo mientras señalaba la tasa dónde debía sentarme ya que para mi propósito usaba la regadera. Así, abruptamente me di cuenta que yo era una niña (o al menos eso me dijeron toda la infancia) y que tenía que seguir ciertas conductas referentes a mi identidad. 
 
Mi padre no imponía muchas reglas, era mi madre las que las hacía notar. Como niña, aparentemente tenía que usar horribles y psicóticas colas de caballo de las que mi abuela se aseguraba no dejar salir ni un pelo, así como moños gigantescos para ir a la escuela y las fiestas.  Cabe decir que siempre odié esas cosas y regresaba a casa desgreñada por quitármelos en cuanto me dejaban sola. También aprendí que una niña debe juntarse con otras niñas y jugar a las muñecas. A esos otros seres que se suponía eran como yo, sólo las reconocía por la ropa extravagante y los moños, pues en general éramos todos iguales. Nadie tenía senos ni caderas aun y para mí no había diferencia.

Jamás me terminaron de agradar esas prácticas; recuerdo una vez en la que invité a todas las niñas de mi cuadra a jugar y cuando entraron a mi cuarto les pedí que cogieran todo aquello que quisieran. Las niñas atacaron todo lo que tuviera que ver con Barbie. Se llevaron muñecas, un carro convertible y todo tipo de parafernalia de color rosa. Cuando mi madre entró hizo un escándalo pero comprendió algo: no me gustaba jugar con muñecas. Entonces ella comenzó a comprarme colores, libros para pintar y muchas hojas blancas. Había dado con algo.

También de niña me di cuenta que hay ciertos colores para niñas y para niños. Mi madre siempre quiso que mi color favorito fuera el lila (hasta la fecha no sé por qué), y jamás lo logró. Siempre tuve una sensación placentera al rayar con color negro, al pintar con color negro e incluso hoy mientras escribo esto, a ver la tinta fresca y negra salir de la pluma. Mi cuarto era lila hasta que mis padres se divorciaron, yo me quedé a vivir con papá. Todo lo que había ahí se convirtió en color negro. A esa edad, me di cuenta que los niños eran menos complicados; que había niños y hombres, y que también había niñas y mujeres. Me di cuenta de que las mujeres suelen quejarse demasiado y tienen muchas reglas; no me agradaba la idea de tener que convertirme en una de ellas.

Eventualmente menstrué y mi padre entro en pánico así que me llevó con una tía. Ella me explicó que eso pasaría mes con mes y que aunque no estuviera sangrando tenía que usar protectores en mis calzones toda la vida porque las mujeres son sucias y manchan con secreciones su ropa. Salí de ahí agobiada, sangrante y con un paquete jumbo de panti protectores. Hasta la fecha no tenía amigas y los niños seguían sin hablarme. Poco después entre a la secundaría y ya no parecía niña pero tampoco sentía que me pareciera a mi madre o a mis maestras. Mi secundaria era muy mocha pero en biología o no sé cuál clase me di cuenta de que era un adolescente. Me hablaron de los días en los que hay que cuidarse de una mujer y de los sueños húmedos y erecciones de los hombres. Y ahí, de repente, ya no era una niña. Era un adolescente de sexo femenino.

En la adolescencia tuve mis primeras manchas de sangre en la cama, en la silla, en el uniforme blanco de la clase de deporte y en casi cualquier lado. También encontré amigas que te hacían el paro y te prestaban su suéter para que te lo pusieras amarrado a la cintura y oh cosas del destino, encontré a los hombres. Las hormonas comenzaban a hacer su trabajo excepcionalmente y todos se atraían por todos. Tuve mis primeros novios y mis primeros amigos (que en realidad querían ser mis novios), y lo más importante, conocí lo que era convivir con personas del otro sexo, proto-lesbianas y proto-homosexuales. Comencé a darme cuenta de que había distintas identidades dependiendo con que habías nacido y qué te gustaba pero me atoré de nuevo. Yo no me sentía como un adolescente del sexo femenino al que le gustaran los hombres o las mujeres solamente y eso me causaba dudas. Tampoco me sentía un adolescente masculino ni quería ser hombre. ¿Qué soy? Fue la pregunta que más me hice durante ese periodo.

Cuándo conocí la literatura la cuestión dejo de ser acerca del sexo. Había leído por primera a ves a Hermann Hesse y juraba y perjuraba ser un lobo estepario; un ser incomprendido por el mundo en el que vive, fuera de mi época y condenado a la depresión y la tristeza. ¿Dónde está mi teatro mágico, mi Armanda y la cocaína? Estaba tan segura de haber encontrado quien soy que inclusive hice panfletos del “Tractat del Lobo Estepario” y los imprimí en una búsqueda fútil de otro como yo. Cabe decir que fue en vano, en la secundaria sólo conocía otra persona a la que le interesaba la lectura y así sin más terminé en la preparatoria sintiéndome un ser extraño.

Cuando entre a la prepa me fui a vivir con mi madre y mi personalidad apenas formándose chocó con todas sus reglas. Los días eran drama tras drama hasta que ella tuvo que ceder. Quería hacerme regresar al plano masculino-femenino, vestirme con ropa rosa, lila, jeans deslavados y maquillaje. Su esfuerzo también fue fútil. Siempre me ponía ropa negra y pantalones de mezclilla y empezaba a coquetear con la música rock. En la época del bachillerato dejé la literatura. Dejé a Harry Haller sólo en su teatro y me dejé llevar. Conocí el punk, el alcohol, las drogas y a muchos hombres divertidos. Me di cuenta de lo sencilla y simple que era la amistad con el otro bando y deseaba ser parte; tener pene, dejar de sangrar y no preocuparme como las demás mujeres. Siempre llevaba pantalones a la escuela y no me interesaba el maquillaje ni las otras chicas hasta que conocí a una que me hizo repensar la idea de feminidad. 

El resultado de todas esas experiencias dio a una joven sumamente interesada en la educación sexual y a la que jamás se le informó nada al respecto. Desde el tercer año de secundaria solía ir a la biblioteca del estado y leer sobre mi cuerpo y los cuerpos que aún no conocía. Terminando la prepa sentía que en realidad yo no era una mujer sino un hombre bisexual en el cuerpo erróneo, atrapado por un error genético. Por un palito más en mi cromosoma la vida se había convertido en una mierda extraña. Cuando entré a la universidad sabía que era una mujer aunque quisiera ser hombre, conocí de primera mano que la envidia del pene es real y nunca me causó preocupación o apuro que me gustaran personas del mismo sexo, eso jamás fue lo importante. 

Cuando tuve mi primer grupo de amigos o de “mejores amigos”; sentí que había encontrado gente como yo (independientemente de lo que eso significara) y volví a la clasificación literaria. Sentía que mis amigos y yo éramos el Club de la Serpiente (Cortázar se volvería a morir si tuviera conocimiento de esto). Nos sentía diferentes, intelectuales y más allá de la norma. Empecé a estudiar cosas que me apasionaban y ¡bum! Mis amigos me dieron una puñalada en la espalda y encontré la teoría queer… ojalá las dudas hubieran terminado ahí.

En mi penúltimo semestre como universitaria me fui de intercambio a Guadalajara. Otra vez no tenía amigos pero empecé a sentir que algo no encajaba con mi concepto de quién era. Conocía la bisexualidad, la heterosexualidad y la homosexualidad, me sentía parte de uno de esos términos y también me sentía, en mayor o menor medida, parte de un género. Pero no entendía algo que fue crucial en mi vida amorosa: la monogamia.

Cada que me enamoraba de alguien, terminaba dejándolo por estar enamorada de otra persona al mismo tiempo. Las primeras veces me sentía un monstruo, ¿Cómo alguien puede amar a dos personas al mismo tiempo? La gente decía que era imposible y por ello yo concluía que si me gustaba alguien más, la persona con la que estaba ya no me interesaba realmente y lo que me ataba a él o ella era la costumbre, el cariño o cualquier otra cosa. Cuando me harte de sufrir por amores dejados a medias empecé a vivir las cosas claras y empezar una serie de relaciones abiertas y a investigar al respecto. Fue así como conocí el poliamor y lo agregué a mi bagaje identitario. De ahí en adelante lo llevaría como una de las banderas más importantes de mi persona.

Tuve muy buenas experiencias de aprendizaje con el poliamor y comprendí gran parte de mí al entender que no era la única y que no era un monstruo. Eventualmente ya no me interesaba saber quién era y me dedicaba simplemente a vivir y tratar de ser feliz. Así conocí a mi esposo, quien respeta todos mis lados como yo respeto los suyos y créanme, sé lo que están pensando: La respuesta es no. No por estar con él deje de ser poliamorosa. Ya no soy una adolescente que se cree súper rara, loca, bisexual y que nadie comprende. Tener la capacidad de amar a más de una persona al mismo tiempo no es una moda y como nuestras preferencias sexuales, es una cosa que no se va y no se cura, no es una enfermedad.

Mi madre, hoy que nos llevamos bien bromea con que cuando ella era joven la violó un extraterrestre. Esa es la única razón que le da explicación de mí y la entiendo, es una salida fácil. Si hoy tuviera que escoger las palabras con las que me sentiría identificada, tendría que ser algo como bio-mujer de género variante, pansexual y poliamorosa ¿pero se imaginan lo complicado que sería? Las credenciales y formatos de cualquier índole sólo tienen dos sexos y explicar cada una de las teorías que dan nombre a mi supuesta identidad son bastante complejas para explicarlas a cada segundo.

Mientras escribo esto y pienso en todo lo que he pasado para llegar a conocerme, me doy cuenta de que la identidad es una idea que vas construyendo de ti mismo entre más exploras tu interior y que sólo puedes explicar bien con muchas más palabras rimbombantes de las que deberías ponerte. Al final, todos somos seres humanos esperando respeto por nuestros gustos y preferencias y realmente lo que importa, es sólo estar a gusto con uno mismo y ser. Así sin más. Ser.

La gran ciudad | Algo que escribí en el DF



No sé qué me pasa. Ultimamente he tenido una necesidad impetuosa de escribir y de hacerlo bien, sin embargo, nunca lo hago. No sé qué decir ni como hacerlo bien. Me pregunto si algún día podre ser un escritor. Hoy empiezo un nuevo libro de Miller, “Sexus” de la trilogía rosa. Amo la capacidad que tiene de escribir lo mundano y lo filosófico dentro de un mismo párrafo. ¿Podre algún día escribir como él o mejor, o tan siquiera escribir de manera que me llene? Quisiera decir tantas cosas que al plasmarlas en papel o maquina no salen como lo deseo. Practico en mente y pluma, pero a veces eso no es suficiente. Tengo historias que contar pero no tienen principio ni fin. La vida misma. Uno nunca recuerda como empezó y jamás vera su final.

¿Que hago aquí? Esa es otra de las constantes. Estoy en una ciudad que me provee todo y nada. La gran metrópoli. Tanto que hacer y tanto asco. Demasiada gente altera mi mente. Esta ciudad me agota. Me siento como un salmón dentro de ella. Cada día y cada paso se sienten como cien días y cien kilómetros.